jueves 11 de diciembre de 2008

06- Paparazzi (by VAB, blogger extraordinaire)


6 días lejos de una computadora. Les dejo este secreto (textual) y mañana todo vuelve a la normalidad.

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Siempre lo hice en la cama antes de dormir. Últimamente se convirtió en una obsesión, algo que no puedo controlar. Todo el tiempo. Irracionalmente. Mi secreto es que doy entrevistas ficticias --a Intrusos, a Caras, a Playboy, a Mirtha Legrand, a Susana Giménez, a Vogue-- sin parar, diciendo (en voz alta) cada detalle. También represento a especialistas de E! que hablan sobre mi; a gente que acá nadie conoce, pero también a Armani, Kate Moss, Roberto Cavalli. ¿Quiéren ejemplos?

Intrusos
-¿Es verdad que le dijiste que no a Hombre?
-(Asintiendo desde el móvil, con rodete desprolijo) Sí, sí, es verdad.
-¿Por qué, VAB?
-Yyyyy, porque la verdad no me siento cómoda haciendo ese tipo de fotos. Escuché que algunos dicen que es esnobismo, pero para nada, de verdad no me gusta...Cuando hice Playboy, que además fue mucho más soft de lo que suele ser, en el momento lo pasé bárbaro, pero después veía los afiches por la calle y me quería matar! No lo pasé bien de verdad... entonces, imaginate Hombre.

E! (hablan los especialistas)

"I like...everything about her. That cool...sophisticated beauty..."
"I like her because she's so so gorgeous! and you see her and she's like ...heyyy..here i am...i don't really know how beautiful i am!
"i like her colors, her shape, her hair, i like everything about her"
"HER ACCENT!! it drives me NUTS."


Caras

"No, la verdad que no hay nada que me desagrade. Creo que sería desagradecida si me quejara. Yo amo lo que hago, me hace profundamente feliz. Obviamente a veces me gustaría tener más privacidad pero creo que uno puede poner límites, y que uno sabe cómo es esto y tiene que bancársela si quiere ser parte".

sábado 6 de diciembre de 2008

05- Paranoia (by Florence)


Que San Isidro se esta volviendo peligroso no es noticia para nadie. Este año, por ejemplo, nos asaltaron 3 veces. Yo nunca participe del proceso pero, indirectamente, me vi involucrada en ellos. Tal vez es por no haberlo vivido que puedo, todavía, disociarme de los actos de delincuencia. Mi papá dice que es prerogativa de los jóvenes inocentones como yo ser de izquierda pero que el primer día que me pidan la billetera o me roben el auto o me apoyen una pistola en la sien voy a salir, como todos, a pedir que bajen la edad de imputabilidad y a llenar de gendermenes la Cava. Más allá de esta cuestión, que es política, creo que mi viejo no se equivoca en su diagnostico.

Ayer baje a cenar y estaban viendo un informe sobre delicuencia y paco, uno de los típicos que hace Rolando Graña y que están cargados de música dramática y preguntas diseñadas para alimentar el miedo y la paranoia- en suma, uno de esos programas que todos los que nos consideramos periodistas, criticamos. Y me di cuenta, mientras comía mi porción de pizza de salvado (1), que mi viejo no ve esos programas porque le gusta, porque lo disfruta, sino porque él sabe que la única manera de que no vuelva a pasar lo que pasó este año es estando alerta. Mirar esos programas lo ayuda a mantener el odio corrosivo a niveles altos para no olvidar, para no acostumbrarse, para saber que si el enemigo no se rinde, entonces él tampoco.

Lo triste no es que mi viejo haga esas cosas; lo triste es pensar que yo también estoy a un asalto de distancia de padecerlo. Espero que no llegue nunca.

(1) Puaj. El verano me tiene así, chicos, irreconocible.

viernes 5 de diciembre de 2008

04- Paul (by Ñ y también by Florence)


Hace unos meses en That's All I'm Saying les conté sobre el conflicto de una amiga, a la que llamé Ñ for the sake of privacy, que se había enamorado de un hombre que podría ser su padre y que, aparte, estaba casado. El punto del post era ayudarme en mi rol de consejera porque mi amiga Ñ estaba metida en un dilema moral importante: meterse en esta historia significaba entregarle su corazón a un hombre que no iba a poder darle nada a cambio excepto, quizás, algunos regalos de puta cara.

Como no me gusta dejar con la intriga a mis dos lectores fieles, les voy a contar lo que pasó después- haciendo caso omiso al título de este blog y las posibles amenazas de muerte que me pueden llegar si Ñ se entera que estoy haciendo pública su historia.

Contrario a lo que todo el mundo piensa, en cuanto a la infidelidad, el mundo no se bipolariza sino que existe un trinomio de posibilidades: los hay infieles, los hay fieles y los hay posiblemente infieles. En este último grupo esta Paul. Es la clase de hombre que no se propone ser infiel, que vivió la mayor parte de su vida convencido de que la lealtad es el más noble de los valores, pero que una vez que decidió ser infiel no va a parar hasta lograrlo. No le echen la culpa a Ñ: cualquier mujer caería rendida ante un tipo que parece vivir para ella y la baña en atenciones y regalos. Paul no fue sino persistente en su cruzada y lo logró.

Es raro porque este secreto es en realidad de Ñ pero creo que también es mio. Es que ahora cada vez que Ñ y Paul se escabullen en la madrugada, cada vez que inventan excusas para verse, cada vez que mi amiga le entrega una parte de su alma, yo me siento responsable de haberla incitado a lo prohibido, por haber prendido el fuego en su hoguera de las vanidades.

jueves 4 de diciembre de 2008

Pedido.


Esta bien que estuve juntando secretos durante un mes, pero un post por día significa que pronto necesitaré más historias. ¿Me mandan las suyas a elpezporlabocamuere@gmail.com? Sean buenitos y escriban una anécdota graciosa, un secreto que avergüenza a la familia o, inclusive, una mentira bien orquestrada. Lo interesante es lo jugoso del secreto, lo copado de la historia, la catarsis que presupone vomitar un secreto que tenemos atragantado y que "se lo teníamos que contar a alguien".

No sean tontos y recuerden: elpezporlabocamuere@gmail.com. A las 12, otro secreto.

03- Luciana Bozan (by Romi R)


La culpa es de Luciana Bozan. Mi cabeza funcionaría perfectamente bien sino fuese porque Luciana Bozan, una moza inmigrante en Miami, logró conquistar a Matt Damon a base de puro carisma argentino. Desde que me enteré de su nacionalidad y su pasado sacrificado no puedo parar de fantasear con actores- y las diferentes maneras en las que nos vamos a encontrar y a enamorar.

Mi "flavour of the month" es James McAvoy- el médico de la película The Last King of Scotland (1). En mi sueño nos tropezamos en la calle y él me sonríe. Me ayuda a levantar mis libros y me invita a tomar un café. Acepto. Me cuenta su pasado de sacrificado actor y me introduce al dilema que tienen todos los actores comerciales: "I don't follow the line of Ars Gratia Artis- me comenta en perfecto Latin y, les juro, se me erizan los irreales pelos de mi irreal nuca-, you know "art for art's sake"... but Hollywood today is getting crazy". Asiento tan frenéticamente que no tengo nada que envidiarle a esos perros que mi abuelo tenía en su Torino amarillo- saben de los que estoy hablando, ¿no? De esos perros que siempre movían la cabeza de arriba a abajo cuando se prendía el motor. El resto de la historia, lamento decirles, es prohibida para menores de 18 años.

Lo cierto es que en esta lista de hotties con los que me casaría al instante se esta volviendo peligrosamente larga. IMDB esta en mi favoritos para servir a mi obsesión: fechas de cumpleaños, fotos recientes, datos personales, películas en postproducción... todo esto es nafta que alimenta el fuego que inició hace unos años Luciana Bozan. Sino fuese por ella, todo sería mucho más simple.

(1) Imperdible, alquilenla ya.

miércoles 3 de diciembre de 2008

02- Virgo (by Ale M)


Conocí a Ernesto ocho meses después de haberlo conocido. Es decir, lo conocí *en serio*- lo que se dice "face to face"- mucho tiempo después de haberlo conocido online. Habíamos intercambiado fotos, experiencias, anécdotas y ambos concordamos en que era estúpido seguir una relación virtual si los ingredientes daban para empezar una real. Yo estaba sola y caliente- dos condiciones casi fundamentales para prestarse al juego del "amor online"- y él... también.

Me gustó cuando lo vi. Aunque definitivamente no era mi Príncipe Azul, Ernesto se defendía: era petizo pero se paraba erguido y orgulloso; no tenía demasiado pelo- y eso hacía resaltar sus orejas grandes aún más- pero usaba productos que lo mantenían sano y sedoso; no usaba ropa de esta década pero el marco de sus anteojos era tan fashion que cualquier chico Palermitano se los compraría. Ernesto estaba bien para tener 38 años y la realidad de los Príncipes Azules- esto lo sabía muy bien después de mi primer matrimonio- es que se destiñen al primer lavado.

La primera cita fue buena: Vimos "La Secretaria" y comimos pochoclos dulces; le di un beso a la salida del cine y otro más apasionado cuando me dejó en mi departamento. La segunda también: a cenar a mi casa y a revolcarnos mientras pasaban "Friends" en el cable. Para la tercera la suerte ya estaba echada: fuimos a comer afuera y después a un telo de panamericana- era un antro pero ya no me importaba nada: mi vestido y mi bombacha tocaron el suelo al instante- no porque él me las haya sacado sino porque yo las entregué voluntariamente- y en poco tiempo él estaba encima mio, gimiendo y jadeando, moviendose frenéticamente a un ritmo bastante bizarro.

Es un mito la frase: "Si bueno y breve, dos veces bueno"- seguro la acuñó un hombre tratando de justificar un desempeño corto. El punto es que a los minutos de haber empezado había terminado, y él estaba al lado mio, agitado y transpirado, con los ojos abiertos como platos, su brazo acariciando el mio de una manera que ahora me resulta repugnante. Del telo a mi departamento hay 40 minutos y en ese lapso hubo dos diálogos marcados por cuatro preguntas:

"Te gustó?"
"Si," le mentí, "Hacia mucho que no...?"
"Si...," me contestó sin sacar ni un segundo los ojos del auto de adelante.
"¿Cuánto tiempo, más o menos?"
"Nunca,"


"Te llamó mañana, ¿dale?" me dijo.
"Si, sino te llamó yo después de comer," prometí.

No hubo un beso de despedida, ni siquiera mantuvimos la mirada por más de dos segundos. No sé que pasó pero la vergüenza se debe haber apoderado de los dos porque nunca más nos volvimos a ver.

martes 2 de diciembre de 2008

01- Sin lengua (by Florence)


Soda cáustica: Es un hidróxido cáustico usado en la industria en la fabricación de papel, tejidos, y detergentes. Cuando se disuelve en agua o se neutraliza con un ácido libera una gran cantidad de calor que puede ser suficiente como para encender materiales combustibles.

Cuando tenés 10 años todo te da curiosidad. Hace mucho que pasó esto- once años, la puta madre- pero todavía me acuerdo como se siente que todo sea nuevo, que todo este ahí- cerca de la punta de los dedos- para empezar a investigar.

Es que tener 10 años te da luz verde para hacer experimentos copados sin ninguna culpa y con poquitas consecuencias: tocarte las tetas impunemente porque no podes creer que te estén creciendo, cortar un diskman a la mitad para ver que tiene adentro, declarar en voz alta adelante de tus primos chiquitos que Papá Noel no existe- "¿qué? ¿me van a dejar sin regalos?"- y, cuando mi abuela me dejaba, romper con el paradigma culinario de la época y servirle a mi viejo cosas que nunca jamás nadie debería comer.

Quiero pensar que conservo- algo domada- mi capacidad para hacer preguntas que molestan y meterme en donde no me tengo que meter. Pero mentiría sino les contase que algo de esa curiosidad insaciable se ha perdido. Y recuerdo perfectamente cómo y cuándo ocurrió esta calamidad que definiría mi vida para siempre.

Era verano y hacia calor. Me acuerdo de esto no por la ropa y no por la temperatura sino porque mi mamá había comprado soda cáustica para destapar un caño de la pileta. Claro que de esto me enteré mucho después. En ese momento ni siquiera sabía, como muchos de ustedes ahora, que se supone que hace la soda cáustica. De lo que sí me enteré enseguida, abriendo la tapa de plástico despacito, es que se parece muchisimo a la sal gruesa. En mi cerebro todas las conexiones neuronales se dispararon al mismo tiempo- ¿podía existir, acaso, una soda en forma de sal? ¿habría que diluirla con agua para que salgan burbujas? ¿O tendría gusto a sal? ¿Existiría entonces algo como SODA SALADA?".

Estas preguntas eran demasiado para mi cerebro púber. Práctica como ninguna saqué la lengua como si estuviese por comer un helado y la pase sobre unas piedritas de soda cáustica. Algunas de mis hipótesis se resolvieron al instante: no era sal y, aunque hacia burbujas en mi lengua, definitivamente no era soda. Y después: sangre, agua, una llamada de mi mamá a Intoxicaciones llorando mientras me obligaba a escupir litros y litros de agua rosa, una cicatriz guachi guau que les mostré a todos mis amigos al día siguiente, una semana comiendo postrecitos shimmy de chocolate y dulce de leche y, también, el exilio de parte de mi curiosidad desde ese momento y para siempre.

En ese momento supe que no era verdad que la curiosidad mate al gato pero, sin dudas, le puede dejar agujeros en la lengua.